El amor como pricipio, el orden como base y el progreso como fín.
Esta frase bien podría ser un lema, la melodía de fondo de una vida ejemplar.
En síntesis; “manifestar el amor que es la propia vida.”
Algo que se nos antoja tan sencillo al parecer no lo es; nuestro mundo, el lugar donde habitamos, es el fiel reflejo de nuestras dificultades personales internas, de nuestra representación de la realidad existencial que experimentamos.
Es evidente que muy pocos se llegan a plantear, si quiera, la posibilidad de “manifestar el amor que es la propia vida.”
Volviendo a la frase de partida;
El amor es el eje, la directriz, esa línea imaginaria en torno a la que gira todo lo demás.
El orden es la estructura, la generatriz, aquello capaz de traslucir una forma más o menos estable.
El progreso es el movimiento, su sentido, la consecuencia inevitable de ser.
Descubrimos así la capital importancia del orden cuando se trata de hacer visible la esencia.
Y tú, que has escuchado lo mismo, ¿Qué has comprendido?
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